La había mirado por varios minutos. Ese dia no se había levantado ni siquiera para ir a dar la prueba de la cual dependia el ramo. No estaba de animos para nada. No había dormido en 50 horas...pensando...Habia tomado una jeringa, ese objeto tan familiar para él como su mp4 o el celular, le había sacado la tapa y miraba la aguja como si de eso dependiera lo que le quedaba de vida... tal vez eso era verdad.
Pensaba, acostado, que ganaría con eso. Nada, absolutamente nada. Pero todavia recordaba las palabras de aquella ojerosa cultivadora que le decian que lo había hecho porque era bueno. ¿como podía ser bueno eso? se preguntaba.
Pero, no tenía nada más que perder...quizas, eso le quitaría el otro dolor que tenía.
Los minutos pasaron con el sólo ruido de los autos de la calle y los gritos de los niños que iban al colegio... como le gustaría volver a ser un niño de diez años, donde era feliz...donde no habia descubierto que era el dolor, donde todo lo que hacia era jugar, reir y leer.
Pensando en estas cosas y en los recuerdos más desenfrenados y melancolicos, pero a la vez placenteros para él, subió la musica para que nadie escuchara sus gritos...enterro sólo un milimetro la aguja en su piel...sólo eso bastó.
La blanca piel se volvió poco a poco rosada y luego esto dio paso a un color rojizo que no quería salir.
Hizo cuatro cortes, tan pequeños como ese, pero no por eso menos importante que el primero.
Extrañamente no sentía dolor, sino que era...podía ser?...¿euforia?...¿placer?
¿Como se podia sentir placer con eso? Nunca lo entendera...Pero, por lo menos ayudo a mitigar el otro dolor, aquel que no podía ser curado con nada...excepto con verla. Pero eso era imposible, lo sabía desde que cortó el telefono y no se volvieron a hablar hasta, quizas varios años despues. Cuando él iría por ella, a toda costa...

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